Por otro modelo de consumo

Muy Buenas tardes. Muchas gracias por estar aquí. Para mí es un placer poder compartir este momento con todos vosotros. También quisiera agradecer a la organización de Taizé por invitarnos a participar y a las hermanas de Jesús-María por acogernos en su capilla. Me presento: mi nombre es Christian, soy argentino, tengo 39 años pero vivo en España desde hace casi 13 años. También soy padre de una hermosa niña de 11 años.

Mi trabajo consiste en dirigir y hacer crecer empresas que han sido creadas para resolver problemas de nuestra sociedad. A estas empresas se las conoce como empresas sociales. Por eso me considero un emprendedor social. Más adelante os hablaré de una de ellas: Novaterra Catering pero ahora os contaré un poco más sobre mí.

Estudié ADE en la Universidad de Buenos Aires. En la Universidad, a mí y a mis compañeros, nos grabaron a fuego el mantra “maximizar el ROI (return on investment)”: maximizar el beneficio económico de los accionistas. Lo importante era que allí dónde trabajásemos hiciéramos ganar la mayor cantidad de dinero posible a los accionistas de la empresa. Creo que es lo que se enseña en prácticamente todas las universidades del mundo.

Durante 15 años eso fue lo que hice a lo largo de mi experiencia profesional y por momentos lo hice bastante bien. Conseguí que las  empresas para las que trabajé ganasen dinero pero de lo que no me daba cuenta era que mientras la empresa ganaba dinero, también generaba impactos negativos en las personas y en el medioambiente. Durante un tiempo trabajé para una empresa de importación de productos fabricados en Asia. A nivel comercial me fue muy bien pero hoy me pregunto en qué condiciones serían fabricados esos productos que con tanta alegría yo vendía. No me culpo, porque mi cosmovisión del mundo y la vida era otra, pero ¡Qué cortedad de miras! ¡Hoy ya no querría trabajar de esa manera!

 

Como la vida no deja de sorprendernos, hace 6 años fui seleccionado para dirigir la Fundación Novaterra dedicada a la inserción socio-laboral de personas en riesgo de exclusión social. Y uno de los mecanismos que tiene es poner en pie empresas sociales que ofrecen trabajo a estas personas en riesgo de exclusión social. En nuestras empresas las personas no sólo tienen un trabajo digno sino que también aprenden un oficio. En aquel proceso de selección, vieron un potencial en mí que ni yo mismo conocía. Incluso acepté el trabajo con poco convencimiento por las dudas que me generaba el reto profesional que se me planteaba.

Visto desde la distancia, esa oportunidad fue un regalo de la vida pues pude desplegar mi esfuerzo, mis conocimientos y mis talentos al servicio de las personas, algo mucho más importante que maximizar el ROI… Además en paralelo hubo un despertar de mi conciencia, y mi cosmovisión empezó a cambiar. Y el desafío profesional fue incluso mayor que si estuviese desarrollándome profesionalmente en otro sitio, porque es mucho más fácil gestionar una empresa con el objetivo de ganar dinero sin importar nada más, que hacerlo importándote cómo tus decisiones impactan en las personas y en el planeta.

A lo largo de este tiempo, he reflexionado mucho sobre todo esto y os comparto algunas de estas reflexiones:

Oxfam Intermon hizo un estudio el año pasado y concluyó en que solo 85 personas en todo el mundo tenían el mismo dinero que  la mitad de población más pobre. 85 personas tienen la misma riqueza que 3500 millones de personas. ¡Qué desigualdad! ¿Cómo es posible?

Sin lugar a dudas el origen de la desigualdad tiene muchas causas, y sobre muchas no podemos intervenir. Pero, de algún modo,  ¿acaso nosotros con nuestras decisiones contribuimos a generar esta gran desigualdad? Sé que es más fácil buscar responsables fuera de nosotros mismos. Que la culpa la tienen los políticos y las grandes empresas, ¿pero tenemos nosotros el coraje de ver si acaso tenemos responsabilidad en este asunto?

 

Nuestras decisiones de compra de productos y servicios influyen enormemente  en esta desigualdad. Comprar es algo que hacemos todos los días, pero ¿somos conscientes del impacto de nuestras decisiones de consumo? En mi opinión, comprar es más importante que votar. Compramos todos los días, en cambio votamos sólo cada 4 años y tampoco es que nos hagan mucho caso.

Y con cada acto de compra le estamos dando nuestro dinero a distintas empresas que producen, prestan servicios, pero no todas las empresas son iguales. Hay empresas muy éticas y respetuosas con las personas y el planeta, son las menos. Otras, en cambio, son de una voracidad económica desmedida y en medio, la escala completa de grises. A quién le damos nuestro dinero, a quién compramos, dice de nosotros y desde luego contribuye a apoyar distintos formas de hacer empresa.

Seguimos la reflexión: ¿Compramos sólo aquello que necesitamos…? ¿Cuánto de lo que compramos son necesidades reales y cuánto son necesidades creadas…? Seamos sinceros: la mayor parte de lo que consumimos no son verdaderas necesidades. Entonces, ¿por qué  compramos cosas que no necesitamos…?

Compramos cosas que son necesidades reales porque nos aportan comodidad, seguridad y bienestar, pero si indagamos en nuestra mente, en el fondo creemos  que tener cosas nos hará felices. Creemos que la Felicidad viene de fuera, y que el nuevo móvil, o la nueva ropa, nos harán felices.

Pero resulta que esa felicidad que viene de fuera es efímera, pasajera, de una pobre calidad. Ese móvil último modelo y esa ropa de la última colección, pasan de moda y entonces  volvemos a desear aquello que no tenemos… Y una vez que tenemos aquello que tanto anhelamos, sufrimos por temor a perderlo! La felicidad no viene de algo externo a nosotros pero honestamente pasamos mucho tiempo de nuestra vida creyendo que “tener” nos hará felices.

 

Y es así como nos lanzamos a comprar cosas… Y cuando compramos pensamos en nuestro bienestar, nuestra comodidad, en mi economía, etc. Yo, yo, yo… En nuestras decisiones de compra, el “yo” está por encima de todo y no nos paramos a pensar el impacto que nuestra decisión produce en otros seres humanos o en el planeta.

roba escaparate

 

Por ejemplo, si tengo un dinero ahorrado y quiero obtener una rentabilidad, ¿a qué banco solemos llevarlo? Probablemente al que más intereses nos aporte. ¿Pero acaso nos cuestionamos qué hará el banco con nuestro dinero? Porque hay bancos que prestan nuestro dinero a fabricantes de armas y otros bancos que lo prestan a empresas que generan puestos de trabajo para personas en situación de vulnerabilidad social. ¿Nos paramos a pensar en este detalle o sólo nos fijamos en qué banco nos ofrece un mejor tipo de interés?

Como consumidores preferimos comprar una naranja no ecológica a una ecológica porque ésta última supuestamente es más cara. Y como pienso primero en mí y la naranja no ecológica  es más barata, y eso es bueno para mí,  prefiero  ni saber que la agricultura convencional está dañando el medioambiente. O que por el capricho de querer consumir frutas y verduras que no son de temporada, haya barcos y camiones que recorren miles de kilómetros para atender nuestro capricho.

Ni que hablar cuando vamos a comprar ropa sin cuestionarnos el modo que han sido producidas esas prendas. Hace un par de años se derrumbó en Bangladesh el edificio Rana Plaza en el que murieron casi mil doscientas personas que producían ropa para grandes marcas como  Mango, Benetton o Primark. Las condiciones del edificio eran muy malas pero a nadie parecía importarle.

 

No es fácil admitirlo, nos gusta buscar responsables fuera, pero como consumidores somos egoístas y de miras cortas. Nos quedamos con lo superficial. Vemos sólo la punta del iceberg (lo que se ve a simple vista: si es bonito, si es barato…) y no lo que está debajo de la superficie (qué tipo de empresa hay detrás de ese producto). Vamos buscando el chollo! Pero para que nosotros tengamos bueno, bonito y barato, las empresas, por lo general, se saltan muchos aspectos éticos. Y eso tiene grandes consecuencias  en otras personas y en el planeta.

Si al menos de verdad alcanzásemos la felicidad consumiendo esos productos, pero esto es un engaño de nuestra mente. Hemos convertido los centros comerciales en las nuevas catedrales. Hay una frase que explica este sistema con total claridad:

“Hemos construido un sistema, que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para generar impresiones en gente que no nos importa”… Qué locura!!

Nuestro consumismo contribuye a generar mayor desigualdad en el mundo y mayor impacto negativo en el planeta. Actualmente Oriente es la fábrica del mundo. China y Bangladesh, por ejemplo.  La camiseta de moda que compramos, con bastante probabilidad es producida allí dónde las condiciones laborales de las personas son en muchos casos mínimas. Existen aproximadamente doscientos millones de niños y niñas que trabajan, y muchas personas más trabajando en condiciones infrahumanas. Y esa camiseta tan guay que me compro en Zara debe recorrer 15.000 km para llegar a una estantería en Europa. La industria del transporte es la principal generadora de CO2 y responsable del calentamiento global.

¿Y acaso el calentamiento global y sus consecuencias son sólo un problema medioambiental? Todo problema medioambiental es también un problema social. Si debido al calentamiento sube el nivel del mar, cientos de miles de personas ser verán desplazadas y condenadas a la pobreza.

Evidentemente la responsable de todo esto no es sólo mi camiseta, sino también de la cientos de millones de consumidores que no tenemos en cuenta el impacto de nuestras decisiones. En definitiva, nuestro actuar consumista hacen más rico al rico, y más pobre al pobre.

¿Y quiénes avivan este fuego consumista?  Las grandes empresas y marcas comerciales cuyos propietarios son aquellos 85 ricos. ¿Y sabéis lo que nos dicen las marcas? Dicen: “Cómprame y serás feliz”. ¡Toda la comunicación y el marketing llevan este mensaje más o menos implícito!  Hoy por hoy yo ya no podría trabajar en un departamento de marketing engañando a la gente e induciéndola a comprar aquello que necesita y que además genera mayor desigualdad en el mundo. Coca cola lo hace muy explícito: ¡Abre la felicidad! Dice su slogan, y  ya sabemos que la coca cola no es nada buena para nuestra salud, y que es una empresa que para ganar cada vez más dinero no duda en dejar en calle a miles de familias trabajadoras como ha pasado aquí en España.

Tres mil impactos publicitarios diarios que nos inducen a desear aquello que no necesitamos. Jóvenes de toda Europa, este es el sistema en el que vivimos. Esta es la Matrix, debemos ser conscientes de ella y no ser zombies al servicio de los poderosos. Como consumidores tenemos un gran poder para cambiar las cosas. Y el cambio es individual. Yo cambio y mi entorno cambia. Y luego el entorno de mi entorno también cambia. No debo a espera a que otros cambien para cambiar yo. El cambio empieza por uno mismo.

Os propongo que antes de comprar os hagáis  las siguientes preguntas:

  • ¿De verdad necesito esto que voy a comprar? Ya hablamos de las necesidades creadas. Por un momento vamos a suponer que sí lo necesitamos:
  • ¿Lo necesito nuevo? Existe un mercado de productos de segunda mano que nos permite adquirir aquello que necesitamos sin necesidad de que se tenga que fabricar nuevo. También existe la posibilidad de intercambiar lo que me sobra por lo que necesito.
  • Supongamos que lo necesito nuevo: ¿Voy a comprar algo de calidad, que me dure tiempo, o algo barato de baja calidad que resistirá unos pocos meses y vuelva a necesitar comprarlo?… Porque sabéis que muchas productos se hacen para durar poco. A eso se le llama obsolescencia programada.
  • Debo cuestionarme también: ¿Cómo ha sido fabricado ese producto? Los trabajadores que han intervenido en su producción, ¿trabajan dignamente?
  • ¿Dónde ha sido fabricado ese producto? Cerca de mi residencia o a miles de kilómetros de distancia? ¿Acaso no sería mejor comprar un producto producido localmente?
  • Sigo, ¿Dónde voy a comprar ese producto? ¿A una gran superfície comercial cuyos dueños son grandes fondos de inversión movidos solo por el afán del dinero, o a un comercio local del que puede estar viviendo la familia de un vecino?
  • ¿Y qué hago luego cuando ese producto deja de servirme? ¿lo tiro sin más, o intento reciclarlo de modo tal de extender su vida útil? ¡Me gusta saber que yo, con mis decisiones, puedo hacer del mundo un lugar mejor!

Ahora hablemos un poco de la alimentación. ¿En qué ámbitos impactan nuestras decisiones de consumo de alimentación? La más evidente es la salud. Lo que comemos impacto positivamente o negativamente en nuestra salud. Cada vez escuchamos más la frase de clásico griego Hipócrates “Que tu alimento sea tu medicina”. Pero nuestras decisiones sobre la comida que compramos no sólo impacta en nuestra salud. Como todo decisión de compra también impacta en las personas y en el planeta.

Pensemos, ¿somos nosotros quienes decidimos qué comemos? Pareciera que sí porque vamos al supermercado y elegimos entre un montón de cosas. Pero si lo analizamos más a fondo caeremos en la cuenta que sólo podemos elegir entre aquello que está en las estanterías, es decir aquello que los responsables de compras de las grandes cadenas de supermercados han decidido poner a nuestro alcance. Hemos perdido lo que se llama la soberanía alimentaria. Dependemos de otros para comer y eso es grave.

 

¿Y qué criterios han elegido estas grandes empresas para decidir qué productos poner en los lineales de sus supermercados? ¿Nuestra salud, el impacto en las personas y en el planeta? Desde luego que no. Han tomado sus decisiones priorizando la maximización del beneficio económico! ¿Y entonces, qué tipo de alimentos produce la industria para vender en esos supermercados?

 

Os cuento algunas características del modelo agroalimentario actual:

  • Existe un exceso de fitosanitarios y fertilizantes. Junto con los alimentos ingerimos una gran cantidad de química que impacta directamente en nuestra salud… por no hablar de cómo esa química afecta también la salud de los agricultores y de cómo contamina nuestros acuíferos.
  • Existe una pérdida de biodiversidad a causa del Incremento de la superficie de monocultivo y variedades mejoradas para obtener mayores producciones perdiendo las variedades locales… y detrás de ellas sustancias que aportan a nuestra salud.
  • Utilización de aditivos alimentarios y  de hormonas en los animales generando en ellos una mayor cantidad de grasa, que consumimos.
  • Por no hablar del sufrimiento animal y la falta absoluta de ética en cómo se trata a esos animales que dan su vida para que nosotros tengamos la nuestra…
  • Alimentos producidos a miles de kilómetros de distancia de su lugar de consumo.
  • Y alimentos producidos en condiciones laborales indignas, en muchos casos como el café o el cacao.

 

Y más aún, el sistema tira a la basura un tercio de los alimentos que produce. Se calcula que cada año se desperdician mil trescientas toneladas de comida, alimentos que vienen de lejos que no llegan en condiciones, alimentos producidos en exceso para “dar la talla” al tipo de productos que el supermercado quiere…bien brillosos y bonitos)

Por cada euro que consumimos, globalmente los países han de invertir otro euro para subsanar problemas medioambientales y otro euro más para subsanar problemas de salud, según la FAO. Este es el sistema en el que estamos inmersos. La agricultura existe desde hace diez mil  años pero hemos perdido el norte en estos últimos ochenta años.

El modelo que minimiza las pérdidas es la producción ecológica y el consumo de proximidad. No sólo se trata de lo que no debiéramos comer y que está muy presente en la industria alimentaria actual (químicos, grasas de mala calidad y en exceso), azúcares, etc. sino también de lo que sí es conveniente que comamos (grasas sanas, micronutrientes, sustancias bio-activas) y  esto último es lo que está presente en los productos ecológicos. Medio vaso de zumo de naranja ecológica, aporta la misma cantidad de vitaminas que un vaso entero de zumo no ecológico. ¡No debemos pensar en cantidad, sino en calidad!

taronges

Novaterra Catering

Con esto en mente, os daré unas pinceladas de Novaterra Catering, la empresa que dirijo:

Somos una empresa de catering y tenemos una cocina central desde la que producimos comidas para todo tipo de clientes. Preparamos comidas para celebraciones de todo tipo, tanto para personas como para empresas. Pausas-café de congresos, cocktails de empresas, banquetes de bodas, etc.  Ofrecemos un servicio de catering integral con comida, bebida, infraestructura (mesas, sillas, vajilla, etc.) y servicio de camareros. Nos encargamos por completo de una celebración. Este año habremos atendido a unos veinte mil comensales. El mismo comité organizador de Taizé come de nuestra comida desde el mes de Septiembre que llegó a Valencia.

Visto desde fuera, parece una empresa de catering más, pero no lo es. Somos una empresa creada para ofrecer oportunidades de trabajo a personas en situación o riesgo de exclusión social. La exclusión social es un gran problema en nuestra sociedad. Nuestra empresa nace para dar respuesta a una problemática social. Por eso a empresas como la nuestra se las conoce como empresas sociales.

Nuestra misión es social, pero para conseguirla, necesitamos tener una empresa que tenga clientes, que produzca y que de este modo pueda contratar personas. Y para eso hay que ser muy profesional. Hay que tener buena calidad, buen servicio y buenos precios. Hay que estar en el mercado. Lo social no debe estar reñido con lo profesional.

Las personas, principalmente camareros y auxiliares de cocina, trabajan un tiempo con nosotros. El tiempo que necesitan para aprender un oficio y adquirir experiencia y buenos hábitos laborales. Cuando lo consiguen, les ayudamos a buscar un  empleo fuera para que otras personas en situación de vulnerabilidad puedan ocupar esos puestos de trabajo. Y así sucesivamente.

También tenemos en cuenta el tipo de productos y materias primas que utilizamos en la elaboración de nuestras comidas:

– priorizamos las materias primas locales; Preferimos que las materias primas no recorran muchos kilómetros antes de llegar a nuestra cocina.

– en algunos productos como los frutas y verduras, los zumos y los vinos, apostamos por los producto ecológicos;

– en productos como el café y el azúcar, que viene de países de fuera porque no hay producción nacional, los compramos con el sello de Comercio Justo que nos garantiza que la producción ha sido realizada velando para una serie de principios, como la no explotación laboral infantil y un pago justo a los productores.

– Los materiales de un solo uso, como servilletas, vasos de café, etc. son en materiales reciclados o biodegradables.

– Cuando en las celebraciones sobra comida, nos la traemos y la hacemos llegar a personas con necesidad, etc. En definitiva, intentamos tener en cuenta en las decisiones de la empresa, los aspectos que estuvimos comentando a lo largo de esta charla.

La empresa debe ser sostenible económicamente, sí, pero también social y  medioambientalmente. Porque no vale hacer empresa por encima de las personas y del planeta. Y afortunadamente tenemos cada vez más clientes que nos buscan precisamente por nuestra misión y nuestra forma de hacer las cosas.

El actual sistema neoliberal, dónde el dinero es el rey, se está resquebrajando y colapsará por el surgimiento de una nueva economía, una economía humanizada. No gastéis vuestra energía luchando contra el sistema. Es mucho más productivo poner vuestra energía para contribuir al surgimiento de la nueva economía. Apoyad la producción ecológica, el comercio justo, la banca ética,  las empresas sociales. Practicad un consumo consciente. En casa, en el trabajo, siempre que podamos. Como consumidores exijamos una  calidad social y medioambiental.

Quienes aspiráis a trabajar en la política, es también muy importante llevar estos asuntos a la gestión. Y quienes tengáis vena emprendedora, animaos a crear en vuestros países empresas sociales como Novaterra Catering. Necesitamos muchas empresas sociales de diferentes sectores para dar respuesta a los problemas sociales y medioambientales de la sociedad actual

Ha sido un placer estar este rato con vosotros. Muchas gracias!!

 

Charla impartida por Christian Mecca, gerente de Novaterra Catering, en el encuentro europeo de jóvenes Taizé en Valencia (diciembre 2015)

 

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