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El padre Pino

El padre Pino es el sacerdote de un pueblo que está sufriendo tremendas inundaciones. Toda la aldea está siendo desalojada, pero Pino no quiere abandonar su parroquia. Sabe que Dios no lo dejará morir. Los preocupados habitantes de la villa se organizan y tratan de persuadirlo, lo van a buscar en un bote cuando el agua ya rebasa las sillas de la iglesia, pero han de volver sin Pino. Está seguro de que Dios parará las lluvias a tiempo. El agua sigue subiendo de nivel y ya inunda la mitad superior de la iglesia mientras el padre Pino lo observa sentado en una de las ventanas.

Los feligreses del pueblo insisten y vuelven a buscarlo con el bote por segunda vez pero el sacerdote les grita que no va a ir con ellos en absoluto. Que ha entregado su vida en devoción a Dios y que sabe que no lo abandonará en esta situación.

Las lluvias continúan cayendo sin descanso. Ya sólo se ve el campanario de la iglesia con el padre Pino agarrado de la punta superior, paciente y seguro de que en el último momento Dios parará la inundación y lo salvará, convencido de que la divinidad está poniendo a prueba su fe.

Los habitantes deciden volver por tercera y última vez, y tratan de hacerlo entrar en razón con todo tipo de argumentos El cura no quiere escuchar porque sigue en su creencia de que Dios no lo dejará morir. Finalmente, los aldeanos se alejan decepcionados y poco después el padre Pino muere ahogado.

Ahora el sacerdote ya está en el cielo. Se siente muy a gusto ahí, con los ángeles y querubines cantando alabanzas a Dios. Pero al mismo tiempo se siente profundamente contrariado porque Dios no lo ha ayudado como él cree que hubiera debido hacer. Entonces, un dia que lo encuentra por las infinitas llanuras del cielo le dice:

-Padre Santísimo, ¿por qué, después de esta vida de dedicación total a ti y cuando más seguro estaba de tu bondad, me dejaste perecer ahogado?

Dios, en tono misericordioso y paciente le contesta:

-¡Ay! Pino…Pino Te mandé a buscar por tres veces… Ahora no te quejes.

Autor desconocido. Cuento extraído de Epopteia, Avanzar sin olvidar de J.M. Fericgla. Ed. La liebre de marzo.

 

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