“Si no fuera cristiano sería budista”

Pablo d’Ors (Madrid, 1963) tiene revuelta buena parte de la feligresía y despierta no pocas suspicacias entre los doctores más conservadores de la Iglesia Católica, algunos de los cuales han llegado a calificarlo de “hereje”. Pero este sacerdote, nieto d’Eugeni d’Ors y asesor cultural del Papa Francisco, ha puesto su punto de  mira en la recuperación de la mística cristiana con la herramienta de la meditación. Tras recorrer durante siete años el camino del zen, publicó su Biografía el Silencio, un éxito editorial que va por la 18 edición y que está en el origen de Amigos del Desierto, una asociación para la meditación, presente ya en toda España. Pablo d’Ors, criado en un ambiente cultural alemán y formado en Nueva York, Roma, Viena y Praga, ha decidido recuperar la otra pata de la tradición cristiana para llegar al lugar común en el que confluye con el budismo o la tradición sufí.

 

 

¿A qué cree que se debe el éxito de su “Biografía del Silencio”? ¿Qué es lo que le ocurre a nuestra sociedad occidental?

Yo creo dos cosas. Más que de éxito comercial me gusta hablar de éxito existencial. Es decir, que es un texto que responde a una sensibilidad que está en nuestra sociedad. Por decirlo de forma sintética, esa sensibilidad es un hambre de silencio enorme. Estamos bombardeados permanentemente por tantos estímulos externos, palabras, sonidos, imágenes, etc., y de alguna forma intuimos que esos estímulos no nos van a construir si no creamos espacios y tiempos de silencio.

 

Somos una generación espiritualmente huérfana

Y también creo que detrás de este hambre de silencio, que para mí es evidente, hay también un deseo de reconciliación con nuestra patria espiritual. Nosotros somos una generación espiritualmente huérfana, quizás porque las instituciones espirituales y religiosas, especialmente la Iglesia Católica en occidente, no han sabido presentar todos los recursos simbólicos, rituales místicos o narrativos, para el alimento del alma. Entonces la gente se ha ido desvinculando de esta fuente de tradición, de sabiduría. Yo creo que hay un deseo no consciente, pero sí latente, de reconciliarse con nuestros orígenes. Esto no significa que todo el mundo tenga que volver a la Iglesia Católica, ni muchísimo menos, pero sí que todo el mundo tiene que hacer las cuentas, digamos, con su pasado cultural y religioso.

 

Creo que en España, además, tenemos histórica y socialmente un agravante añadido. Y es que han sido muchos años de dictadura y muchos años de una Iglesia escorada y excluyente. Con aversiones profundas desde ambos bandos.

Sí, históricamente es un asunto grave porque supone una perversión del mensaje cristiano que por definición es incluyente. Si estudiamos mínimamente el legado de Jesús de Nazaret descubrimos que no es un mensaje en absoluto (excluyente). Es un tema que me interesa mucho, porque mi obsesión como sacerdote y como pastor, que es lo que me siento también, es la presentación de un Cristo patrimonio universal. Es decir, que hay figuras en la historia de la humanidad como Cristo o Buda, u otras,  sin querer ponerlas al mismo nivel, cada una tendrá su nivel, que arrojan una luz a toda la humanidad. No es necesario, por ejemplo, ser budista para aprender de la tradición del zen. Pues tampoco es necesario ser católico bautizado necesariamente para poder beber de esa tradición de sabiduría que es Cristo.

 

Si no fuera cristiano sería budista

¿Qué le ha aportado a usted otras tradiciones religiosas, por ejemplo, el budismo zen?

Me han aportado muchísimo. Con frecuencia he dicho que si no fuera cristiano sería budista. Creo que el signo diferenciador de un hombre auténticamente espiritual, auténticamente religioso es principalmente su apertura, el no tener miedo a lo distinto sino todo lo contrario. Creo que lo que caracteriza auténticamente a las personas espirituales y religiosas es su carácter discipular, de querer aprender allí donde haya vida. En el budismo pasará como en el cristianismo, que habrá muchas cosas que no funcionarán bien pero habrá otras tantas que sí funcionarán bien y de ahí se puede aprender. Mi generación y, sobretodo, la anterior a la mía no hemos sabido encontrar muchas veces el agua con que saciar la sed de nuestro hondón. Y por eso hemos sentido la necesidad en un momento determinado de emigrar a otras tradiciones, por ejemplo, el budismo, el hinduismo, los viajes a la India en los años 60… De alguna manera, Amigos del Desierto nace de ahí. Amigos del Desierto es una propuesta de “hoy ya no necesitamos emigrar”. En nuestra propia tradición tenemos a maestros de los que beber y han tenido que pasar unas cuantas décadas para comprenderlo. Por eso, en Amigos del Desierto meditamos en una tradición mística cristiana pero desde un espíritu profundamente  respetuoso, si no hay otro aprendizaje también de otras tradiciones.

P1070128.jpg d'Ors en acción

 

El silencio es común a todas las tradiciones religiosas e incluso no religiosas

El silencio es la espiritualidad, la espiritualidad es el silencio, y esto unifica a todas las tradiciones de sabiduría. Yo pongo la metáfora de la montaña para decir que cada tradición sube a la cima de la montaña por una ladera, y las laderas son distintas porque las relaciones son distintas. Pero en la cima nos encontramos todos, y la cima es el silencio.

 

“En el silencio nos encontramos todos”

Si tú estudias la tradición sufí o la tradición del nirvana del budismo o el de la contemplación cristiana descubres que  la manera de expresar qué es lo que se encuentra uno en el momento culmen, es enormemente análoga. No digo idéntica pero sí enormemente afín. En el silencio nos encontramos todos.

Porque el silencio nos une por algo más profundo que por nuestras ideologías, por nuestros sentimientos, por algo más profundo y más básico. Me refiero a la unidad, y está por encima de cada uno.

 

¿A usted, la práctica de la meditación zen le ha reforzado en sus creencias cristianas?

Mi tránsito por el zen, que ha sido de unos siete años aproximadamente, cierto que me ha devuelto con más ímpetu y con más entusiasmo a mi propia tradición. Es como cuando uno va al extranjero y descubre la maravilla de su propia patria, que su propia patria es hermosa y digna. A mi me ha pasado algo parecido.

 

Hasta dónde sé, la meditación zen le permite a uno identificar los patrones sociales y educacionales que nos vienen impuestos y, por tanto, a diferenciar lo que son creencias y no forman parte de la realidad misma. ¿Cómo hace compatible la meditación zen con la creencia en Dios?

La pregunta es profunda. Tenemos en general una idea un poco elemental y simple de la propuesta cristiana. La propuesta cristiana no es simplemente de creencias. La fe, fundamentalmente, es confianza. Primero yo confío en ti y porque confío en ti creo en lo que tú dices. Digamos que las creencias son una consecuencia necesaria de  la confianza. Yo no demonizo las creencias como hacen algunas personas sino que creo que son consecuencia casi inapelable de un acto de  confianza. Entonces, yo primero confío en ti y luego creo en lo que tú dices. Eso por una parte. En segundo lugar, si bien es cierto  que hay una afinidad profunda entre las tradiciones espirituales también es cierto que existen sus diferencias. Por ejemplo, en el budismo zen las comunidades de meditación están presididas por Buda. Mientras que en Amigos del Desierto nos preside un icono de la Iglesia Ortodoxa, el de la Trinidad, porque la Trinidad es el símbolo de la unidad en la diversidad. Entonces, digamos que la meditación es un  proceso de unificación, un proceso hacia la unidad. En la tradición cristiana se pretende una unidad diferenciada, es decir, que respeta la pluralidad. El individuo y la singularidad no se diluye y por lo que sé de budismo, el individuo y la singularidad si que se diluye. Por eso, es diferente que te presida un Buda a que te presida una Trinidad.

Lo que creo es que, si bien, en Occidente mucha gente ha descubierto en el zen lo que no ha sabido descubrir porque no estaba presentado acorde a nuestra sensibilidad y a nuestro lenguaje en el cristianismo, el salto cultural que se pide a las personas occidentales que practican el zen es muy grande. Claro, la espiritualidad va muy unida a unas formas culturales. Hay gente que sostiene que el zen no tiene formas pero eso no es cierto. Las campanas, el gong, las postraciones, el incienso, etc todo eso son formas. Y también tiene su ropaje formal, cultural y religioso. Y la cosmovisión, el cambio que te pide es muy duro porque se mueve en otras coordenadas. Por eso yo sostengo que en occidente hay este deseo de reconciliación con nuestra patria, con nuestra sensibilidad.

El cristianismo como mero humanismo

Lo que usted propone es una vuelta al cristianismo pero esta vez como liberación

Sí, desde lo místico.

Exacto

Sí.

No me extraña que le critiquen tanto

En definitiva, a lo largo de la historia, casi todos los movimientos espirituales, como también los movimientos sociales que han puesto un subrayado en algo, han incomodado porque supone un replanteamiento, supone una puesta en tela de juicio de lo que se está haciendo. El cristianismo, como cualquier religión, tiene una vertiente mística y una vertiente ética y no se puede reducir a una única cosa sino que mística y ética tienen que ir hermanadas. En el budismo se diría que la iluminación se verifica en compasión. Es decir, la mística se verifica en ética. El problema es que, lo  que creo que ha pasado con el cristianismo en las últimas décadas es que se ha acentuado tanto la dimensión ética del amor al otro, del compromiso social, la justicia, la lucha por los desfavorecidos, la misión… que esta dimensión más personal, más íntima, se ha descuidado por completo. Y la conclusión es que el cristianismo ha quedado en un mero humanismo en el mejor de los casos y ha perdido su carácter más genuinamente religioso y espiritual. Y por eso la gente emigra a otros sitios, porque no lo encuentra. Porque si hay compromiso pero no hay alimento uno está desfondado.

 

¿Cómo se encuentra el Papa Francisco?

Para mí es una persona enormemente energética, realmente poseída por el espíritu. A pocas personas he oído hablar con este entusiasmo, con esta convicción y con esta capacidad de convencer y arrastrar.

Dicen  que es lo mejor que le podía pasar a la Iglesia Católica.

Yo también lo creo. Igual los hay mejores todavía, porque la vida está llena de sorpresas; pero yo, desde luego, me considero un sacerdote de Francisco.