La matanza de El Salvador vista por Leonardo Boff, el teólogo castigado por Ratzinger y recuperado por el papa Francisco

La Audiencia Nacional sentará muy pronto en el banquillo de los acusados al ex-coronel salvadoreño, Inocente Orlando, que será juzgado por la matanza de los jesuitas de El Salvador en 1989. EEUU ha anunciado su extradición después de que el Tribunal Supremo haya permitido a la Audiencia Nacional seguir adelante con el “caso Ellacuría” salvando así el caso de la reforma de la justicia universal de 2014.

En aquellos brutales hechos, ocurridos en plena guerra civil salvadoreña, murieron cinco españoles, Ignacio Ellacuría, Juan Ramón Moreno, Armando López, Ignacio Martín-Baró y Segundo Montes, además del también jesuita Joaquín López, de la empleada de hogar Elba Julia Ramos y de la hija de ésta, Celina, de 16 años.

La distancia que nos separa de aquellos hechos no pertenece sólo al tiempo y al marco geográfico sino que es más profunda, y pasa por comprender las razones políticas de intervencionismo, de opresión y de explotación de recursos y personas en América Latina. En definitiva, la matanza es un cruel reflejo de una historia de colonialismo y dominación en el más amplio sentido de la palabra que puede ser vista de forma parcial por un observador de visión eurocentrista, un sesgo tan habitual como inconsciente en la mente occidental, y tantas veces advertido por los indigenistas en los foros sociales mundiales.

Por su interés en estos momentos, creo que merece la pena recuperar una entrevista inédita (*) con Leonardo Boff, uno de los padres de la Teoría de la Liberación, en la que no sólo narra aquella masacre sino que nos conduce hasta las “venas abiertas” de América Latina y al papel que jugó “la iglesia de los pobres” en este complicado tablero de ajedrez junto a los jesuitas, a quien considera “hermanos”.

La voz de Leonardo Boff se apagó en 1985 por orden del cardenal Ratzinger (después, Papa Benedicto XVI), entonces mano derecha de Juan Pablo II, en un Vaticano que nunca aceptó sus postulados ni los de aquellos que apostaron por estar al lado de los pobres. Se le apartó de sus funciones editoriales y académicas durante un año. Ya en 1992, y antes que aceptar el segundo castigo, Leonardo abandonó la orden franciscana.

Sin embargo, hoy, el también conocido como “ecoteólogo” vuelve a la actualidad con el papa Francisco, con quien ha colaborado estrechamente en la redacción de la encíclica Laudato Si, en lo que supone la restitución moral de la Teología de la Liberación y un vuelco en la historia de la Iglesia y del Vaticano. Con el papa Benedicto XVI aún con vida, Francisco sacude nuevamente las estructuras anquilosadas y viejas de la principal institución católica.

Esta entrevista se realizó en el marco de Cumbre de los Pueblos de Río de Janeiro en 2012, un evento paralelo a la cita oficial de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Rio+20, otro fracaso más en el haber de las cumbres medioambientales.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo, ecologista, autor de más de 60 libros, y doctorhonoris causa en Política por la Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund (Suecia).

“Matar a los jesuitas fue matar la mente pensante de los pobres”

¿Cómo vivieron desde Brasil la matanza de Monseñor Romero y unos años después la de los jesuitas en El Salvador?

Lo vivimos como mártires, y el gran mártir, Romero. Lamentablemente la burocracia vaticana, el sistema que no tiene espíritu, es más carne que espíritu, se demoró mucho en reconocerlo porque murió por motivos políticos, por amor al pueblo, por el derecho de los humildes. Así, los jesuitas son mártires al dar testimonio con su vida de lo que es la libertad, la liberación. Fue un choque que no hemos asimilado hasta hoy porque fue de una brutalidad tremenda. Fue destruir el cerebro de las personas, porque era el grupo que pensaba y simultáneamente trabajaban con los pobres. Y es un signo de las contradicciones de América Latina, son católicos que oprimen a cristianos, son cristianos (los jesuitas) que toman la posición de las víctimas y mueren en función de esa opción.

Jon Sobrino salvó su vida casi de milagro

Jon Sobrino es como un hermano, tuvimos la misma formación en Alemania, trabajamos juntos el tema de la Cristología, que es el Cristo liberador, y yo había recibido una invitación de Tailandia para dar un curso sobre Cristología. Como mi inglés es malo porque le tengo rabia al capitalismo, les dije que invitaran a Jon Sobrino porque él sí habla un inglés fluido. Le invitaron y fue. Unos días después asesinaron a toda la comunidad, y él recibió un choque tan grande que estuvo más de un año sin volver porque sabía que la sangre de los hermanos clamaba en la tierra, sentía un dolor descomunal.

Hábleme del porqué de la Teología de la Liberación, de su razón de ser

Porque el grito de los pobres de América Latina, de los indígenas, de los afrodescendientes, de las mujeres marginadas, oprimidas (ese grito) se hizo tan grande que las iglesias que tenían una dimensión profética se hicieron sensibles, como Elder Câmara, y tantos otros en Chile, Perú… Los teólogos vinieron después. Primero fueron los pastores (sacerdotes) que vivían en el pueblo los que apoyaron los movimientos sociales y también eclesiales, cristianos que han ocupado un lugar en la Iglesia. No es que la Iglesia hiciera una opción por los pobres sino que los pobres, bajo una dictadura militar, hicieron una opción por la Iglesia. Era el espacio donde podían reunirse, discutir los problemas de la vida bajo la luz de la fe. Ahí llegamos nosotros, Gustavo Gutiérrez, Ronaldo Muñoz, Jon Sobrino, el grupo de Brasil, yo estaba entre ellos, para reflexionar a partir de esa situación.

El eje, la marca registrada de esta Teología es la opción por los pobres y contra la pobreza, a favor de la vida y la libertad, y partiendo de la mirada de los pobres. No es hacer algo para los pobres o hacia los pobres sino desde los pobres y como los pobres, desde la perspectiva de los pobres, porque ahí ganan centralidad los temas de la vida, los derechos de los pobres que es el derecho al trabajo, a la alimentación. No son los derechos de la visión burguesa que está en los documentos oficiales sino los derechos fundamentales de la subsistencia. Y ahí se enriqueció la Iglesia y la Teología de la Liberación tiene hoy una gran gama de temáticas.

La gran pregunta que nos movilizó que no hemos contestado todavía plenamente es: ¿Cómo anunciar que Dios es padre y madre de bondad, es liberador, a un pueblo de miserables, a un pueblo de oprimidos? Ese lenguaje sólo tiene sentido si, efectivamente, a partir de la fe, del Dios de la vida, liberamos a los pobres. Ese es el gran desafío, no sólo de la Teología de la Liberación sino de la Iglesia del Tercer Mundo. Y si no hacen eso, hay que decirlo, no están en la herencia de Jesús, traicionan algo fundamental del Evangelio. El pobre es el punto de partida a partir del cual el Evangelio se hace buena noticia. Por eso es fundamental.

“La primera imposición de silencio fue humildad, la segunda era humillación”

Hace 20 años abandonó la orden franciscana por desavenencias importantes con el Vaticano, sin embargo, sigue con su lucha ¿Es usted valiente?

Yo soy un agitador cultural. Para mi, esta fecha es importante porque después de una charla sobre religión y paz, yo decía que las religiones abrahámicas son las más guerreras que hay. Después de la charla, el cardenal Baggio, del Vaticano, me dijo: usted no ha entendido nada del silencio obsequioso, tiene que salir de América Latina! Tiene que elegir entre Corea y Filipinas. Y le dije que podía enseñar a escribir, etc. Pero me dijo que no, que sólo como misionero. Entonces le dije que yo no iba, porque la primera vez (imposición de silencio) acepté porque era humildad pero ahora era humillación. La humillación es pecado y no la acepto. Entonces me dio a elegir entre salir de la orden u obedecer, y yo le dije que iba a obedecer la voz que viene de la tierra, cambio de trinchera pero no de lucha. Así es que tuve que salir, no porque quería sino porque no tuve alternativa.

Como activo defensor de la naturaleza, ¿qué opinión tiene de la llamada “Economía Verde”?

Hay que detallar el discurso porque es un tema que tiene ya muchos años, no es nuevo. Quieren hacer una economía que preserve los bienes naturales, que use energías alternativas no tan contaminantes como las fósiles, que mantenga los bosques y que reforeste las zonas devastadas. Es importante que haya una preocupación por la economía y los procesos productivos pero tiene una limitación tremenda, y es que no discute los niveles de consumo. Uno puede seguir consumiendo mientras sea “verde”. No pone en jaque ni discusión la profunda desigualdad que hay en la Tierra y que está creciendo cada vez más. Y tiene un punto extremadamente crítico y al que hay que prestar atención, que puede ser la máxima perversidad del capitalismo, que es poner precio a los bienes y servicios que la tierra hace. Por ejemplo, no sólo (se trata) de ganar con la madera de la foresta amazónica sino ganar con los bienes y los servicios que la foresta hace, secuestrando el dióxido de carbono, manteniendo la humedad, el equilibrio de las aguas y las lluvias, la biodiversidad… (se trata de) transformar todo eso y meterlo en el mercado.

Todo lo que tiene que ver con agua, fertilidad de los suelos, es algo que tiene que ver con la vida. La vida es sagrada, no se puede comprar ni vender, no puede transformarse en bonos para los bancos y negocios en la economía de mercado. Si eso ocurriera, sería la máxima perversidad humana porque hace de la vida, negocio. Si Marx viviera hoy posiblemente se suicidaría porque para él, el capital se hace con la explotación del trabajo, nunca vendiendo órganos, nunca vendiendo la naturaleza. Llegamos a la última etapa de la voracidad capitalista y hay que cuestionarse totalmente este modelo económico, que no tiene límites, que lo mercantiliza todo, desde la religión hasta el sexo, con todo se puede ganar. Y hay que poner en contrapartida una economía de la solidaridad, una forma de distribución más equitativa de los bienes naturales, culturales y económicos para que no haya una bifurcación en la familia humana entre los que comen y los que no comen.

¿Hay que reconocer derechos intrínsecos a la naturaleza?

Hay que reconocer primero que todos los seres tienen un valor intrínseco por sí mismos independientemente del uso que hacemos de ellos. Ellos están ahí y de alguna forma revelan algo del Universo y, desde una perspectiva religiosa, revelan algo de Dios. Pero hay una nueva fundamentación que viene de la nueva biología y de la física cuántica que dice que todos los seres de la naturalez, no tienen sólo masa y energía, tienen información, tienen subjetividad. Todos los seres vivos sienten, están insertados en la red de energía, tienen historia, y eso significa que son sujetos de dignidad, sujetos de derechos, de respeto y cuidado por parte de los seres humanos. Es el derecho de la Madre Tierra, que tiene su dignidad, el derecho de las aguas, de los bosques, de los animales, yo formamos la gran comunidad de vida. Significa que todos los seres vivos, y es un dato científico poseemos los mismos veinte aminoácidos, las mismas cuatro bases fosfatadas, todos somos hermanos y hermanas porque tenemos los mismos elementos básicos que construyen la vida. Nosotros pertenecemos a eso, tenemos dignidad y esa dignidad es transferida a toda la naturaleza, por eso hay que convivir, hay que respetar, hay que cuidar. Esa es la misión del conjunto de los seres puestos en el jardín del Edén para cuidar y guardar esta herencia sagrada.

Hay que rescatar la razón sensible, la razón cordial, que la hemos dejado al margen para hacer grande la razón intelectual. Y sabemos que la razón cordial, el corazón, está ligado al cerebro límbico que tiene 225 millones de años, cuando surgieron los mamíferos, que tienen sentimientos. Nosotros somos mamíferos racionales. Esa dimensión del corazón es el nicho donde están los valores, el mundo de las excelencias, del cuidado, de la reverencia. Hay que rescatar esta dimensión para ofrecer una base biológica a la ética. La ética no viene desde fuera sino que nace desde dentro, y hoy, antes que todo, es una ética del cuidado, de la responsabilidad universal por todo lo que existe y vive. Todo lo que existe y vive merece vivir, merece existir.

(*) Mi agradecimiento a los compañeros de ATTAC TV por la cesión de este material inédito: Toni Gabaldón, Gonzalo Miranda, Sergi Palau y Carla Vidal